Érase una vez…Into the woods


Poster Into the woods¿Realmente estamos preparados para desear? La acción de anhelar es la semilla de un sinnúmero de consecuencias. Es la primera mitad de un camino, la mitad más dulce, tal y como ocurre en Into the Woods, cinta que le vale la nominación al Óscar por Mejor Actriz de Reparto a Meryl Streep.

En esta historia tenemos el bosque, casi con la fuerza de un personaje más. ¿Qué es lo que implica entrar en este lugar? Es salir de tu hogar, de tu zona de confort, para perderse en la incertidumbre, donde todo puede ocurrir. Es igual a adentrarte a tus miedos, a lo que tratas de olvidar o negar, a lo más profundo de tu inconsciente, al verdadero origen de tus deseos.

Desear, decidir y aprender. Tres verbos que rigen en gran medida el orden natural de la vida humana. La dificultad aumenta de forma progresiva y su aparición ocurre cuando menos lo esperamos, por lo general, cuando ni siquiera estamos listos para sus consecuencias. Por otro lado, un bosque, que será en esta adaptación musical la vida misma, de la cual no podemos ocultarnos eternamente en una torre como lo hace Rapunzel.

Into the Woods propone una misma realidad espacio-temporal para cuentos de hadas como Caperucita roja, Jack y las habichuelas mágicas, Cenicienta y Rapunzel. La línea narrativa central irá de la mano de dos nuevos personajes, el panadero y su esposa, cuyo más grande deseo es tener un hijo. Ellos tendrán que robar la razón de ser de cada uno de estos cuentos –una zapatilla de cristal, una capa roja, una vaca y un cabello dorado–, para mostrarnos cómo muchas veces el perdernos a nosotros mismos nos hace renacer. Por último tenemos a Streep como la Bruja, ese ser con poderes mágicos, capaz de hacer cualquier clase de maleficio pero que no se salva de sentir amor o de ser víctima de la soledad.

Los dos actos de la obra musical están igualmente bien diferenciados en la versión cinematográfica; en la primera parte tendremos el lado conocido de los cuentos de hadas, con sus singulares vertientes pero a fin de cuentas con un final feliz. En el segundo acto, la trama hace un guiño y nos adentra nuevamente en el bosque, hacia el mundo real, nos saca de los cuentos de hadas y nos enfrenta a las consecuencias de nuestros deseos, presenta las tentaciones que debemos desafiar, las culpas que nos tenemos que perdonar, la verdadera cara de los demás frente a las situaciones más adversas. No hay un final feliz, o al menos, no hay un final esperado; lo que está presente es una eterna metamorfosis interior.

Por una parte, Jack desea conservar a su vaca y en cambio traerá a su mundo la furia de una giganta que tendrá que afrontar. Veremos, por ejemplo, a una Caperucita que comprende el verdadero sentido de obedecer a su madre y a su abuela, que hablar con extraños tiene sus matices y que la seguridad no radica en una capa roja sino en aprender que está bien equivocarse. Cenicienta desea ir al baile del reino pero descubrirá que el príncipe azul no es tan maravilloso mientras que Rapunzel habrá de conocer el mundo sin la protección de su torre. Los deseos sí se cumplen, tal y como entona una de las bellas melodías del musical: “los deseos son como niños que en algún momento crecerán”.

La película Into the Woods, con guión de James Lapine y música de Stephen Sondheim, es muy esperada entre la audiencia por su gran elenco que reúne a actores como Meryl Streep, Johnny Depp, Anna Kendrick y Emily Blunt. Es además el primer musical que Disney adapta de Broadway, con la música original y una puesta en escena que constantemente nos recuerda el escenario teatral, al igual y como ocurre en adaptaciones anteriores de este director como  Nine y Chicago.

Una historia fantástica es lo que el libreto del musical de Broadway, Into the Woods, presenta en su narración. Del mismo modo que aquellos cuentos no iban dirigidos precisamente a un público infantil, la adaptación cinematográfica que realiza Rob Marshall toma distancia del mundo de los niños y le habla a una audiencia adulta mientras retoma aquel principio de “a toda acción una reacción”.

La Bruja, será el personaje que unirá los destinos de estos protagonistas de diferentes historias para situarlos en un mundo en donde ya no están solos, que conjuga no únicamente los deseos propios sino los del otro. Así como las canciones van entrelazando y fundiendo cuentos tan distintos, es en este punto donde entran en juego acciones como el sacrificio y sentimientos como el amor incondicional. La Bruja deseaba ser bella, pero entonces, conjuró un hechizo que seguiría su curso hasta el infinito y hacia caminos que ni ella misma hubiera nunca previsto.

Tal como los relatos originales que los hermanos Grimm retomaron de las tradiciones orales, al final de la película sabremos que la descendencia de estos personajes de hadas crecerá con historias diferentes. En realidad, cada quien reconstruye su propio cuento –no carente de magia o de fantasía– de acuerdo a los deseos y decisiones que van apareciendo en el camino del bosque.

La despedida de Raúl Ruiz


Hace año y medio inicié un viaje de escritura, investigación e inmersión en la obra fílmica de Raúl Ruiz. Siendo más específica, en la interesante adaptación que hiciera el cineasta chileno de la obra proustiana: En busca del tiempo perdido.

Mi trabajo, centrado en el análisis del tema de la Identidad en el film ruiziano Le temps retrouvé, no sólo me abrió las puertas al mundo de los contenidos cinematográficos de este artista; también, me sumergió en el complejo pero apasionante encuentro de la obra literaria de Marcel Proust.

En septiembre del 2011 presenté mi trabajo, tras la temprana muerte de Ruiz apenas un mes antes. Entonces no sospechaba que podría compartirlo con otras personas fuera del círculo de mi investigación y ni siquiera pensar en conocer a su esposa, también artista, Valeria Sarmiento.

Desde finales de 2011 y hasta mediados de este año, la Filmoteca Española ha llevado a cabo un homenaje a Raúl Ruiz que se le planeaba hacer en vida pero que hoy se enfoca hacia una obra culminada. Sin embargo, ¿en qué momento realmente empieza y termina un legado artístico?, ¿en qué instante se produce una metamorfosis en las creaciones, en lo que sobrevive a los muertos, volviéndose éstas trascendentes?

Marcel Proust 1900

Marcel Proust 1900 (Photo credit: Wikipedia)

El director nacionalizado francés y exiliado de su tierra chilena, retrató en sus películas esta idea de supervivencia a partir de la obra que permanece. ¿Cómo lo logró?, mediante un recurso que creó, la adopción. De este modo su cinta Le temps retrouvé resignifica el último volumen de La Recherche pero a partir de la interioridad única de Raúl Ruiz. Si ya la obra literaria posee un apasionante metadiscurso en este sentido, la película del chileno lo retoma de formas infinitas a partir de la multiplicidad de “yoes” de sus personajes.

La noche de enfrente fue una de las películas que se proyectaron en el Cine Doré como parte del homenaje mencionado. Resultó ser una proyección muy especial puesto que se contó con la presencia de Valeria Sarmiento, realizadora y esposa de Raúl Ruiz así como de Jorge Arriagada, músico con quien Ruiz trabajó en más de 35 películas y François Margolin, el productor de esta cinta, so pretexto de presentar el libro Raúl Ruiz, coeditado por la Filmoteca Española y Ediciones Cátedra.

La noche de enfrente

Nuevamente, en esta película como en muchas otras de Ruiz, el público es testigo del fenómeno de la adopción por parte de este director; durante un par de horas en la pantalla toma vida la imagen de un Beethoven con rasgos chilenos, que no es sordo y que se cuestiona cómo hubiera sido el cine en caso de haber existido éste ya en la época de la creación de la Novena Sinfonía. Es el mismo recurso que encontramos en la versión que Ruiz tiene de Marcel en su cinta Le temps retrouvé y en la que el “yo niño” del protagonista, a la vez representando al Marcel personaje, al autor y al director, proyecta con su linterna mágica imágenes que sólo podían reproducirse desde la mirada de Raúl Ruiz.

Con todo esto quiero decir que el director nos descubre la subjetividad de toda obra y, por lo tanto, la trascendencia y repercusión que se obtiene de forma particular en cada espectador.

La noche de enfrente

Pareció que la impresión final tras la proyección de La noche de enfrente aquella tarde fue de melancolía. En el coloquio posterior se subrayó la sensación de muerte y de fantasmas que dejaba atrás esta cinta. A mí, sin embargo, me parece lo contrario pues transmite la idea de una distinción que hacen las propias obras, un homenaje que hace el producto que trasciende a su creador. Artistas como, en este caso, Beethoven, Raúl Ruiz o el mismo Marcel Proust, dejan a sus espectadores y lectores un regalo, un legado que sobrevive a sí mismos y que es su obra. En La noche de enfrente son estas obras las que invocan a sus muertos, pero ya tienen vida por sí mismas, tienen su propia personalidad, es decir actúan de acuerdo a una primera adopción, la del artista que las creó, y a una segunda, la transmutación que se provoca en el interior de cada receptor.

Al final, la subjetividad de mi propia visión me dice que este director y el manejo de la temporalidad en sus films, produce un efecto de planos múltiples desde los cuales pueden seguirse sus historias a partir de distintos tiempos: el de los personajes, el de los recuerdos, el de la historia, el de la vida misma que continúa aún después de terminar una película. Pensar en Ruiz es hacer siempre aparecer conceptos como memoria, identidad, cíclica evolución, adopción, metamorfosis, como si en realidad, cineastas como él, artistas como Proust o Wagner, realizaran la misma obra, película o sinfonía una y otra vez. Es precisamente como las distintas variaciones musicales, la repetición de un mismo tema hasta alcanzar la explosión catártica de aquello que ya se había preparado, que ya conocíamos pero que se encontraba bien resguardado en la memoria.

Valeria Sarmiento (Imagen por: Ale Olalde).

Con esta experiencia volvía a terminar mi historia en relación con Raúl Ruiz y su cine proustiano. Pude entregar a la viuda del cineasta el trabajo de fin de máster que realicé hace un año: mi subjetividad con respecto a la obra de este director. Ahora, pasará a formar parte del archivo de Ruiz en el cual trabaja su esposa.

De un tiempo para acá ya no creo tanto en los finales…

Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional de España


A través de un viaje por el tiempo, el autor peruano se presentó en Madrid una vez más el pasado 9 de mayo. En su exposición, como parte del ciclo de conferencias “El libro como universo” convocadas por el tricentenario de la Biblioteca Nacional de España, el Nobel de Literatura 2010 habló de su relación con los libros desde su más temprana edad hasta ahora.

No había tenido la oportunidad de escuchar a este deslumbrante contador de historias, lector incansable, maestro, dramaturgo y artista. Con asombró descubrí, junto a todos aquellos que como yo no le conocíamos personalmente, la sencillez y simpatía que afloran de su personalidad;  además de un gran literato, Vargas Llosa es un excelente orador que supo acercarnos a su vida  e involucrarnos en ella durante el tiempo que duró su conmovedora exposición.

A continuación quiero compartirles un poco de lo que sólo unas cuantas personas pudimos presenciar. En los medios oficiales podrán hacer también un seguimiento periodístico de lo que ocurrió esa tarde, cada cual enfocándose a unos u otros temas, de cierta manera controversiales para la actualidad, por ejemplo, en cuanto a la crítica en contra que hizo el autor con respecto al libro electrónico y las nuevas tecnologías. Mi intención, más allá de juzgar las palabras de Vargas Llosa, tiene la finalidad de acercarles un poquito más a la interioridad y las vivencias de un artista de nuestro tiempo, tal y como yo lo sentí mientras lo escuchaba.

Imagen por: Ale Olalde.

Los primeros años en la vida de un genio…

Sabemos que Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú en 1936. Sus primeros años los vivió junto a su madre y abuelos maternos en Bolivia, abandonado por su padre desde antes de nacer. Sólo contaba con 8 años de edad cuando tuvo su primera experiencia de lectura gracias al ambiente que le rodeaba; su abuela escribía poesía y alrededor suyo se respiraba un aroma de amor por la literatura. Es así que el literato afirma que lo mejor que le ha pasado en la vida fue aprender a leer.

“…gracias a la lectura empecé a vivir experiencias extraordinarias; viajes en el espacio y en el tiempo, destinos mágicos…”

A diferencia de otros niños él nunca se interesó por los comics, desde un inicio buscaba relatos que le exigieran un esfuerzo intelectual. Leía historias escritas con palabras, no con imágenes.

Este joven y voraz lector fue alentado por su familia cuando empezó con sus primeros versos. La niñez pronto se convirtió en su edad de oro y la lectura fue la causante. Hasta los 10 años, Vargas Llosa se describe como un “lector puro”, no importaban todavía las formas sino sólo los fondos, que le hacían perderse por viajes infinitos de experiencias. Fue en sus años de secundaria que Mario se volvió un lector más desconfiado y atento; comenzó a dar importancia también a la estructura de sus lecturas.

Llegó un momento en que la edad de oro se fracturó. El padre del autor volvió con su familia y este hecho equivalió al primer golpe con la realidad en su vida. La visión idílica del mundo que hasta entonces le abrazaba se rompió e irrumpieron la soledad y la tristeza. La lectura se convirtió en un universo paralelo de refugio contra el miedo y la aversión que sentía hacia su padre. Para éste, la literatura era sinónimo de bohemia, fracaso y poca virilidad así que decide ingresar a su hijo al colegio militar en Lima sin saber que su hostilidad vendría a reforzar la vocación de Vargas Llosa y que la experiencia militar le daría el tema de su primera novela.

Es interesante comentar en este punto cómo el entorno de las personas define en gran parte las decisiones, gustos e incluso habilidades que desarrollan. Vargas Llosa tuvo la suerte de que en una edad tan temprana se le inculcara el amor por el arte. Esto le permitió asociar a la creación con sus abuelos y su madre, mientras que su padre significaba lo contrario. Sin embargo, es la figura paterna la que pone a prueba en su hijo ese mero gusto para convertirlo en vocación gracias a un proceso de rebelión contra el abandono y la soledad.

Con 15 años, Vargas Llosa comenzó a trabajar con su padre en la International New Service como periodista. Un año después, en el Diario La Crónica, y dentro del contexto periodístico, conoce la vida bohemia y los prostíbulos siendo fuente de otras de sus novelas como La casa verdey Conversación en la catedral.

La experiencia periodística será muy importante para su desarrollo literario. Lima en ese entonces era una ciudad muy estratificada socialmente en donde poco se conocía de aquellos sitios a los que no pertenecías. El periodismo le permitió explorar esas otras caras de la capital peruana.

Vargas Llosa cuenta que entre sus labores realizó periodismo policial, lo cual lo llevaría a los lugares más bajos, a la aventura, a todos aquellos resquicios que sólo había visto a través de la lectura:

“El periodismo te da facilidad; puede ser algo bueno o algo muy malo. Su lenguaje es funcional, sin muchas interferencias retóricas. Esa destreza es importante pero al mismo tiempo riesgosa si caes en el vicio de la utilización excesiva de estereotipos. Es muy importante como fuente de experiencias que luego se volverían materia literaria”.

Años después, gracias a sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y sus profesores, Vargas Llosa adquirió una gran habilidad para recopilar información e investigar. Una de las clases que más le marcaron fue la de “Fuentes históricas”, impartida por su maestro Raúl Porras Barrenechea: “Sus cátedras eran como unos frescos maravillosos de la historia de Perú”.

Con él aprendió de la importancia de ser riguroso, del espíritu autocrítico, de acudir a los libros y a las bibliotecas. Este hombre fue uno de sus grandes maestros intelectuales. Fue un ejemplo maravilloso que le condujo hacia su pasión por la historia al grado de llegar a plantearse una vocación más histórica que literata. Lo curioso es que en realidad, historia y literatura son siempre muy cercanas, muchas veces se solapan.

Es a partir de sus años universitarios que el Nobel de Literatura comenzó a realizar unas lecturas con mayor compromiso. Jean-Paul Sartre fue una gran influencia. Se dio cuenta que escribir es actuar; escribir es cambiar la historia y esto, en un momento del Perú con tantos conflictos, se volvió algo crucial para él.

Este contexto le acerco a los círculos marxistas, hacía las lecturas escondidas; se reunía con otros para discutir sobre literatura. Sin embargo, no llegó a ser totalmente de esta ideología debido a Sartre. El escritor marxista que más le interesó fue Georges Politzer con sus Lecciones preliminares de Filosofía donde se rescatan las ideas básicas del materialismo dialéctico. Es uno de los libros sobre los que más discutió en la época.

Entre bibliotecas y cafés

A finales de los años cincuenta, Vargas Llosa comenzó a frecuentar la Biblioteca Nacional de España por encontrarse en Madrid realizando sus estudios de doctorado en la Universidad Complutense. Durante ese tiempo gozó de las novelas de caballería de esta biblioteca a la que acudía casi todas las tardes de la semana.

Se encontraba todavía en un Madrid franquista, incomunicado y censurado. El autor recuerda cómo en la biblioteca de la Facultad de Filología, por ejemplo, todos los libros de José Ortega y Gasset fueron retirados de los estantes. Otra anécdota curiosa de aquellos años consiste en que antes, cuando se preparaba para ir a la capital española lo que más le motivaba era ver el teatro clásico español. Sin embargo, la única obra que vio fue “El caballero de Olmedo”, dirigida y actuada por un peruano.

Le gusta escribir en bibliotecas y cafés. Lo primero lo aprendió desde Lima, luego siguió con la costumbre en España y en Francia; en ellas redacta, lee, hace fichas, ejercita su imaginación, siempre con tinta y papel para luego pasar sus ideas al ordenador.

La biblioteca que más le ha emocionado es la British Museum Library por su sala gigante, maravillosa, con esa cúpula hermosa. Ahí trabajó mucho y con placer: “Esa sala de lectura tenía alrededor toda una colección inmensa de libros, era un entorno mágico. Muy cerca de donde solía trabajar, estaba el sillón con la placa donde escribía y leía Marx. Sentí mucho que la biblioteca saliera de ahí para pasar al edificio horrible en el que se encuentra ahora.” 

Los cafés son también lugares ideales para su escritura. Siempre son sitios muy cálidos y confortables en donde echar a volar su imaginación y sus recuerdos.

Una vida alrededor del conocimiento

El autor relató también su experiencia como profesor de Literatura. Cuando comenzó a enseñar tenía que someterse a programas preestablecidos; no podía elegir. Luego pudo hacerlo seleccionando a los autores que más le gustaban. Enseñar es algo que le divierte mucho; es para él una práctica muy enriquecedora:

“La lectura que uno hace cuando enseña es muy diferente a la que hacemos de forma individual y por iniciativa propia. Cuando se enseña hay que racionalizarlo mucho todo: qué existe detrás de cada historia, cómo es su estructura, su maquinaria…es una experiencia genial para un escritor. Por otro lado, no es una tarea nada fácil propagar esa pasión por la literatura. La enseñanza permite tener intercambios muy educativos por los diferentes tipos de lecturas que cada persona realiza.”

Uno de los cursos que más disfrutó impartir fue sobre los cuentos de Jorge Luis Borges. El buen nivel que tenían los alumnos y la variedad de sus formaciones de origen lograron que sus propios conocimientos se ampliaran.

Por otro lado, Vargas Llosa también habló sobre el tema editorial. Uno de sus editores más admirados fue Carlos Barral: “Mucho le debemos los que escribimos en español. En plenos años 60, cuando todavía hay mucha censura en España, destacaba por la enorme sensibilidad para detectar novedades, rupturas literarias, cosas que tenían que introducirse en España; hizo una labor homérica. Antes de él no existía el intercambio literario entre este país y Latinoamérica.” Lo describe como a un personaje encantador, lleno de extravagancias, insolencias, atrevimientos que creaban una máscara y ocultaban a un hombre genial, con una enorme vocación de promotor cultural.

La conferencia terminó en torno a un tema actual y que a Mario Vargas Llosa preocupa especialmente: la evolución del libro electrónico. Es un proceso al que teme. Para exponer su opinión habló sobre la televisión. ¿Por qué ésta ha banalizado tanto los contenidos? Si este aparato es un transmisor, ¿por qué la literatura no lo ha utilizado para propagarse? La respuesta, según el autor, es que ésta apunta hacia lo más bajo. “No es lo mismo leer a Proust o a Joyce que ver una serie televisiva.”

Es para él una alerta de cómo este tipo de soportes abaratan los contenidos. Del mismo modo, dijo que el libro electrónico es algo que nunca llegará a la equivalencia de una obra literaria. Describe esta idea como un temor que ojalá sea infundado pero considera una buena precaución conservar el libro de papel frente al electrónico.

Actualmente estas afirmaciones resultan muy controversiales y en lo personal considero que no debe generalizarse en torno a ellas. Ni todos los contenidos televisivos abaratan los contenidos, ni hoy por hoy todo lo que es llamado “literatura” es tan valioso como para así nombrarse. De la misma manera las nuevas tecnologías tendrán sus pros y sus contras pero no son más que nuevas plataformas que abren una serie de grandes oportunidades de lectura, de escritura y de investigación. En fin, se trata de un tema con mucho camino todavía por recorrer pero que en absoluto cambia el fondo de los contenidos en cuanto a calidad.

Finalmente, el escritor terminó tan bella charla compartiendo a su público cuáles son los tres libros que llevaría a una isla desierta: “Me llevaría un libro que nunca he podido leer, La muerte de Virgilio porque a fuerza tendría que pasar en algún momento de la quinta página. El segundo libro tendría que ser como una catedral, podría ser El Quijote, por ejemplo, o Guerra y paz. Y el tercer libro tendría que ser muy largo… el volumen de La Pléiade con la traducción de  La Odisea.”

Dimos así por terminada la participación de un hombre de nuestro tiempo y que a través del suyo nos hizo ver cómo sus experiencias vitales son lo que da vida a sus obras. Luego de este breve encuentro he podido ver a Mario Vargas Llosa como un libro en sí mismo, su biografía es el alimento de su literatura.

Imagen por: Ale Olalde.

Los libros que más han marcado su vida: 

Los Miserables de Víctor Hugo: “Es una obra profundamente, grabada en la memoria. Es una de esas raras novelas que permiten lecturas de todo tipo y a cualquier edad; de una extraordinaria complejidad, pero también bella para los más jóvenes. La historia de Jean Valjean es el rescate del mal por el bien”.

Por su parte, y ligando un poco con el tema central de este blog, la película de adaptación de esta historia le pareció muy divertida: “Los Miserables, es uno de los relatos que más se han vertido a otros géneros. Toca un nervio especial de públicos de todo tipo de épocas, edades y cultura”.

 Luz de agosto de William Faulkner: Obra y autor que leyó deslumbrado: “De toda su oscuridad salía una luz que al final clarificaba todo lo que había estado oculto.” Admira su destreza técnica e impulso visionario considerándolo como una lectura obligatoria para todo aprendiz de novelista.

200 años de Grandes Esperanzas


Aprovecho en esta ocasión la celebración del bicentenario del nacimiento de Charles Dickens para escribir sobre una de las novelas que más se han llevado a la pantalla grande: Grandes Esperanzas.

La obra de la narrativa literaria inglesa data del año 1860. Su autor, considerado como uno de los clásicos de la literatura universal, se caracterizó por el relato de historias en un tono de crítica social y en contra de la alienación en un mundo que divide la vida de los hombres en dos: la parte laboral y la parte privada. Las personas, actuando en cada una de ellas de forma opuesta y sólo a conveniencia, ocultan al mundo exterior su verdadera interioridad.

Imagen tomada de: ebooks.adelaide.edu.au

Nuestro autor homenajeado supo distinguir en esa época a las personas que lograban preservar su integridad de aquellas que se dejaban despojar de su naturaleza humana volviéndose parte de la burocracia judicial, o bien, alienados en la sociedad y el trabajo. Por ello en sus obras sobresalen estos dos tipos de personajes.

En Grandes Esperanzas, el protagonista Pip, es llevado por esta corriente de sueños, maleados por unas ambiciosas esperanzas que al final lo llevan únicamente a una serie de paraísos artificiales.

Para analizar las adaptaciones de esta historia, es importante mencionar la importancia de la figura de Charles Dickens como un hombre que aplicaba en sus relatos literarios muchos procedimientos cinematográficos. Sus historias fueron observadas desde una interesante perspectiva fílmica por cineastas como David W. Griffith y Sergei Eisenstein.

Sus similitudes con el relato cinematográfico abarcan tanto a sus temáticas –el gusto por la vida provinciana, el respeto por la tradición y la gran metrópoli, la implementación de testimonios de la febril y dinámica vida urbana– como a sus técnicas: el uso de detalles muy concretos y la amplia descripción de la función de los personajes. (Faro Forteza, Agustín, Películas de libros).

Quizá, esta lectura cinematográfica que distintos autores encontraron en la obra de Dickens, contribuyó a que sus historias se recrearan tanto en la televisión como en el séptimo arte en numerosas ocasiones.

Imagen tomada de: blog.anayainfantilyjuvenil.es

Artes Involucradas:

Novela: Charles Dickens.

Película: Alfonso Cuarón.

Adaptaciones al cine:

-En 1917 dirigida por Robert G. Vignola y Paul West.

-En 1934 dirigida por Stuart Walker.

-En 1946 dirigida por el aclamado David Lean.

Deja que el deseo sea tu destino…

La película del cineasta mexicano Alfonso Cuarón –la adaptación más reciente de esta gran obra maestra– narra la historia de Finnegan Bell, un niño huérfano de clase baja criado por Maggie, su hermana mayor y Joe, su pareja, en Florida. Durante su infancia, Finn vive dos acontecimientos que marcarán su destino para siempre; el primero cuando ayuda a un prófugo misterioso a escapar de la justicia y el segundo cuando es llevado a Paradiso Perduto a jugar con la sobrina de Mrs. Dinsmoor, la bella y misteriosa Estella.

Finn crece enamorado de Estella, una niña que influida por el corazón roto de su tía, se vuelve fría e incapaz de amar verdaderamente. Cuando el héroe de esta historia se hace mayor, la ayuda de un desconocido benefactor lo lleva a Nueva York a probarse como artista; el protagonista se introduce en un viaje en el cual deberá encontrarse consigo mismo a partir de la búsqueda, no solamente del amor de su vida, sino también de su propia libertad. 

En esta versión cinematográfica de Grandes Esperanzas, el héroe es transportado a una época actual. El amor, la admiración y el deslumbramiento que siente por Estella, en la obra de Dickens, se convierten en la película en un amor moderno que rescata especialmente una parte sexual de pasión y deseo. Llegar a ser merecido por Estella es la mayor de las esperanzas del protagonista y, por lo tanto, la motivación de cada uno de sus actos.

De este modo, el cineasta mexicano rescata de la novela la parte amorosa de la trama, más que ninguna otra. Considerando la infinidad de temas que abarca esta historia en su versión original, él opta por centrarse en la esperanza a partir del amor.

A diferencia de la novela, la historia de Cuarón se ubica principalmente en la ciudad de Nueva York, mientras que la trama de Dickens ocurre a mediados del siglo XIX en Inglaterra y especialmente en Londres.

En cuanto a la crítica que recibió esta novedosa interpretación de la obra dickensiana, las opiniones opuestas, tanto a favor como en contra del trabajo del cineasta no se hicieron esperar. Es curioso saber que el mismo director tomó el proyecto con desidia y confesó que el guion nunca estuvo totalmente terminado, hecho que se señala en varias fuentes y entrevistas pero que no dejó que la película careciera de emociones que llevarán a sus receptores a identificarse con ella y a aprender a apreciarla.

Es destacable en esta historia que la figura protagónica, en la persona de Finn, es quien narra su propia vida. Ésta es una característica importante que también está presente en la obra literaria puesto que la novela se encuentra narrada por Pip. De este modo permanece la mirada subjetiva que, de forma paradójica, en el cine se vuelve mucho más cercana al espectador.

La historia contemporánea que Finn relata, explica un proceso cuyo fin es el amor y su medio es la esperanza. La decisión de modernizarla me parece un acierto para esta adaptación pues es otro elemento que contribuye a crear mayor empatía con la audiencia. La historia se vuelve más cercana y a la vez sigue siendo intemporal; como resultado tenemos a una pareja que ejemplifica el amor platónico de una manera actual.

Entre las escenas más destacables y que tienen una presencia importante tanto en la versión literaria como en esta adaptación, se encuentra aquella de “el corazón roto” que se da entre Finn y Mrs. Dinsmoor. Resulta muy simbólica para esta historia, pues pone en evidencia la semejanza entre el protagonista y la antagonista.

En cuanto a las características formales del film, es muy interesante la presencia del color verde en esta película (y en la obra de Cuarón en general) como elemento simbólico. El color adquiere un significado propio en esta historia al estar siempre relacionado a la figura de Estella, al Paradiso Perduto y a Mrs. Dinsmoor, así como también al otro mundo artificial representado en la ciudad de Nueva York.

Estas figuras mágicas, envueltas por las grandes esperanzas de Finn, son las que permanecen durante toda la trama regidas bajo tonalidades verdosas, siempre con mucha intensidad. Por lo mismo, resulta muy evidente al término de la película que el color cambia del verde al blanco en el personaje de Estella, al mismo tiempo que la visión del mar se abre de nuevo ante el espectador y la luz del día puede entrar en los cuartos de la mansión destruida de Mrs. Dinsmoor. La esperanza, al final, se vuelve promesa y realidad.

La añoranza por la vida de los ricos comienza para Finn cuando pinta por primera vez a Estella. Sus más grandes esperanzas son: pintar como un rico, la libertad y el amor por ella. Todas son sólo ilusiones que en un principio son inalcanzables. Es por ello que Finn emprende un viaje para hacerse merecedor de Estella pero se deja atrapar por el mismo espejismo en el que ella está atrapada.

El gran acierto del director en esta creación no fue sólo haber tenido en mente la ya conocida historia de amor entre Pip y Estella (los personajes dickensianos), sino también haber resaltado la importancia de transmitir el ambiente de una clase social actual que puede sucumbir bajo los influjos de los “paraísos perdidos” y de las disparidades entre ricos y pobres.

Para Finn todo tiene sentido a partir de Estella, ella es la única persona con la que el protagonista logra ser él mismo. Lo interesante es que estos enamorados sólo podrán estar juntos cuando ambos transiten su propio viaje interior. El sentimiento final que nos deja esta historia es que la salvación, como consecuencia de una transformación, sólo depende de uno mismo.

Ficha técnica

Año:1998

Director: Alfonso Cuarón Orozco.

Guión: Mitch Glazer.

Actores principales: Ethan Hawke (Finnegan Bell), Gwyneth Paltrow (Estella), Hank Azaria (Walter Plane), Chris Cooper (Joe), Anne Bancroft (Mrs. Dinsmoor), Robert De Niro (Reo prófugo/Arthur Lustig).

Producción: Art Linson y John Linson.

Música: Patrick Doyle.

Fotografía: Emmanuel Lubezki.

Trailer

Historias Adaptadas = Dèjá Vu


La sección fuerte de este blog!!, aquí encontrarás aquellas críticas, noticias, reseñas e ideas sobre todo lo que se adapta en el arte, que se inspira de éste para producir obras nuevas e infinitas. ¿Qué sería de las grandes historias si no estuvieran sujetas a una constante mirada, diálogo y eterno retorno hacia ellas?

El Cisne Negro, (2010)


Artes involucradas:

Película: Darren Aronofsky.

Música: Piotr I. Tchaikovsky.

Libreto: Vladimir Begichev y Vassily Geltzer.

Coreografía: Marius Petipa, Lev Ivanov y Julius Reisinger.

Literatura: Textos mitológicos de leyendas germánicas y escandinavas con personajes como Sigfrido y Odette.

Dos grandes bailarines: Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev, juntos en El lago de los cisnes.

Qué mejor forma de empezar a analizar la fusión de historias a través de distintos medios artísticos que hacerlo con una de las más grandes películas del año pasado. The Black Swan se constituye formalmente a partir de tres bellas artes inspiradoras: música, danza y literatura. El director de esta versión cinematográfica de El lago de los cisnes, impronta además su propio estilo particular y recrea, con la historia de la protagonista Nina Sayers, una nueva obra de arte.

La muerte como la cima de la perfección:

La noche es el momento mágico en el que Odette vuelve a su vida humana después de estar encerrada en el cuerpo de un cisne durante el día. Así Nina, protagonista de la más inquietante puesta en escena de El lago de los cisnes, es una brillante bailarina que, encierra en su interior el oscuro secreto que implica la perfección.

 Una mujer atrapada en sí misma, que sólo ha jugado hasta entonces el papel de su lado más humano, pero que ha dejado suprimida la otra parte que también la constituye, su mirada más animal. Al verse confrontada finalmente con la única oportunidad de liberar al ser alado que también lleva dentro, la protagonista enfrenta a sus dos opuestos hasta fusionarlos en una redención simbolizada en su propia muerte. La actriz nos conduce por una lucha interminable que acontece entre el bien y el mal, la luz y la obscuridad, la inocencia y la perversidad, como dos caras de una misma moneda, y que se enfrentan dentro de una sola persona en su afirmación como artista y como mujer.

 Sin embargo, Nina no se prepara durante toda la trama para ser prima ballerina de una trágica leyenda de amor. Su crecimiento la supera convirtiéndola en cisne, se transforma y muere como él. Del mismo modo, la actuación de Natalie Portman es más que una interpretación, ella al igual que Nina, es el personaje. La actriz, la protagonista y el cisne son una sola lucha hacia la libertad de la verdadera perfección, pero ¿puede ésta, la mejor de las cualidades, estar realmente presente en el hombre?

El ballet en su configuración como expresión artística ha exigido desde sus inicios la perfección absoluta. Los bailarines en un escenario encadenan en la contención de cada movimiento la cadencia, la práctica, la técnica y al mismo tiempo la soltura, la pasión y la liberación. Es así que la máxima perfección existe, sin embargo, ésta ocurre sólo si hablamos de arte, viendo a la obra como un todo, cuando cada una de sus partes en armonía con las demás proyecta este significado infinitamente; sólo existe cuando se le puede inmortalizar y sus repeticiones son meras representaciones de la única creación.

Quizá por ello Darren Aronofsky sitúa esta película en la vida de una bailarina, que sin embargo, no sólo dentro sino también fuera del escenario, intenta aprehender la perfección y volverla característica de su propia naturaleza. Es entonces cuando lo que en arte es perfección, en la vida sólo puede culminar en muerte y destrucción.

La fabulosa actuación de la ganadora al Óscar, exalta en el que la aprecia tal cantidad de intensas emociones porque su vida y su trabajo, que son ya espléndidos, le exigen definir qué es a lo que debe aspirar a continuación ¿a lo sobrehumano, es decir, a la perfección absoluta? O a lo humano, que implica la vida, que posibilita el crecimiento y el mejoramiento hacia lo perfectible. Así Nina elige el camino de la muerte física, pero el de la eternidad al volverse obra de arte.

Ficha técnica

Año: 2010

Director: Darren Aronofsky

Escritores: Mark Heyman, Andres Heinz, John McLaughlin.

Actores principales: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder.

Producción: Scott Franklin, Mike Medavoy, Arnold Messer, Brian Oliver.

Música: Clint Mansell.

Fotografía: Matthew Libatique.

Trailer: