La despedida de Raúl Ruiz


Hace año y medio inicié un viaje de escritura, investigación e inmersión en la obra fílmica de Raúl Ruiz. Siendo más específica, en la interesante adaptación que hiciera el cineasta chileno de la obra proustiana: En busca del tiempo perdido.

Mi trabajo, centrado en el análisis del tema de la Identidad en el film ruiziano Le temps retrouvé, no sólo me abrió las puertas al mundo de los contenidos cinematográficos de este artista; también, me sumergió en el complejo pero apasionante encuentro de la obra literaria de Marcel Proust.

En septiembre del 2011 presenté mi trabajo, tras la temprana muerte de Ruiz apenas un mes antes. Entonces no sospechaba que podría compartirlo con otras personas fuera del círculo de mi investigación y ni siquiera pensar en conocer a su esposa, también artista, Valeria Sarmiento.

Desde finales de 2011 y hasta mediados de este año, la Filmoteca Española ha llevado a cabo un homenaje a Raúl Ruiz que se le planeaba hacer en vida pero que hoy se enfoca hacia una obra culminada. Sin embargo, ¿en qué momento realmente empieza y termina un legado artístico?, ¿en qué instante se produce una metamorfosis en las creaciones, en lo que sobrevive a los muertos, volviéndose éstas trascendentes?

Marcel Proust 1900

Marcel Proust 1900 (Photo credit: Wikipedia)

El director nacionalizado francés y exiliado de su tierra chilena, retrató en sus películas esta idea de supervivencia a partir de la obra que permanece. ¿Cómo lo logró?, mediante un recurso que creó, la adopción. De este modo su cinta Le temps retrouvé resignifica el último volumen de La Recherche pero a partir de la interioridad única de Raúl Ruiz. Si ya la obra literaria posee un apasionante metadiscurso en este sentido, la película del chileno lo retoma de formas infinitas a partir de la multiplicidad de “yoes” de sus personajes.

La noche de enfrente fue una de las películas que se proyectaron en el Cine Doré como parte del homenaje mencionado. Resultó ser una proyección muy especial puesto que se contó con la presencia de Valeria Sarmiento, realizadora y esposa de Raúl Ruiz así como de Jorge Arriagada, músico con quien Ruiz trabajó en más de 35 películas y François Margolin, el productor de esta cinta, so pretexto de presentar el libro Raúl Ruiz, coeditado por la Filmoteca Española y Ediciones Cátedra.

La noche de enfrente

Nuevamente, en esta película como en muchas otras de Ruiz, el público es testigo del fenómeno de la adopción por parte de este director; durante un par de horas en la pantalla toma vida la imagen de un Beethoven con rasgos chilenos, que no es sordo y que se cuestiona cómo hubiera sido el cine en caso de haber existido éste ya en la época de la creación de la Novena Sinfonía. Es el mismo recurso que encontramos en la versión que Ruiz tiene de Marcel en su cinta Le temps retrouvé y en la que el “yo niño” del protagonista, a la vez representando al Marcel personaje, al autor y al director, proyecta con su linterna mágica imágenes que sólo podían reproducirse desde la mirada de Raúl Ruiz.

Con todo esto quiero decir que el director nos descubre la subjetividad de toda obra y, por lo tanto, la trascendencia y repercusión que se obtiene de forma particular en cada espectador.

La noche de enfrente

Pareció que la impresión final tras la proyección de La noche de enfrente aquella tarde fue de melancolía. En el coloquio posterior se subrayó la sensación de muerte y de fantasmas que dejaba atrás esta cinta. A mí, sin embargo, me parece lo contrario pues transmite la idea de una distinción que hacen las propias obras, un homenaje que hace el producto que trasciende a su creador. Artistas como, en este caso, Beethoven, Raúl Ruiz o el mismo Marcel Proust, dejan a sus espectadores y lectores un regalo, un legado que sobrevive a sí mismos y que es su obra. En La noche de enfrente son estas obras las que invocan a sus muertos, pero ya tienen vida por sí mismas, tienen su propia personalidad, es decir actúan de acuerdo a una primera adopción, la del artista que las creó, y a una segunda, la transmutación que se provoca en el interior de cada receptor.

Al final, la subjetividad de mi propia visión me dice que este director y el manejo de la temporalidad en sus films, produce un efecto de planos múltiples desde los cuales pueden seguirse sus historias a partir de distintos tiempos: el de los personajes, el de los recuerdos, el de la historia, el de la vida misma que continúa aún después de terminar una película. Pensar en Ruiz es hacer siempre aparecer conceptos como memoria, identidad, cíclica evolución, adopción, metamorfosis, como si en realidad, cineastas como él, artistas como Proust o Wagner, realizaran la misma obra, película o sinfonía una y otra vez. Es precisamente como las distintas variaciones musicales, la repetición de un mismo tema hasta alcanzar la explosión catártica de aquello que ya se había preparado, que ya conocíamos pero que se encontraba bien resguardado en la memoria.

Valeria Sarmiento (Imagen por: Ale Olalde).

Con esta experiencia volvía a terminar mi historia en relación con Raúl Ruiz y su cine proustiano. Pude entregar a la viuda del cineasta el trabajo de fin de máster que realicé hace un año: mi subjetividad con respecto a la obra de este director. Ahora, pasará a formar parte del archivo de Ruiz en el cual trabaja su esposa.

De un tiempo para acá ya no creo tanto en los finales…

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