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Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional de España


A través de un viaje por el tiempo, el autor peruano se presentó en Madrid una vez más el pasado 9 de mayo. En su exposición, como parte del ciclo de conferencias “El libro como universo” convocadas por el tricentenario de la Biblioteca Nacional de España, el Nobel de Literatura 2010 habló de su relación con los libros desde su más temprana edad hasta ahora.

No había tenido la oportunidad de escuchar a este deslumbrante contador de historias, lector incansable, maestro, dramaturgo y artista. Con asombró descubrí, junto a todos aquellos que como yo no le conocíamos personalmente, la sencillez y simpatía que afloran de su personalidad;  además de un gran literato, Vargas Llosa es un excelente orador que supo acercarnos a su vida  e involucrarnos en ella durante el tiempo que duró su conmovedora exposición.

A continuación quiero compartirles un poco de lo que sólo unas cuantas personas pudimos presenciar. En los medios oficiales podrán hacer también un seguimiento periodístico de lo que ocurrió esa tarde, cada cual enfocándose a unos u otros temas, de cierta manera controversiales para la actualidad, por ejemplo, en cuanto a la crítica en contra que hizo el autor con respecto al libro electrónico y las nuevas tecnologías. Mi intención, más allá de juzgar las palabras de Vargas Llosa, tiene la finalidad de acercarles un poquito más a la interioridad y las vivencias de un artista de nuestro tiempo, tal y como yo lo sentí mientras lo escuchaba.

Imagen por: Ale Olalde.

Los primeros años en la vida de un genio…

Sabemos que Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú en 1936. Sus primeros años los vivió junto a su madre y abuelos maternos en Bolivia, abandonado por su padre desde antes de nacer. Sólo contaba con 8 años de edad cuando tuvo su primera experiencia de lectura gracias al ambiente que le rodeaba; su abuela escribía poesía y alrededor suyo se respiraba un aroma de amor por la literatura. Es así que el literato afirma que lo mejor que le ha pasado en la vida fue aprender a leer.

“…gracias a la lectura empecé a vivir experiencias extraordinarias; viajes en el espacio y en el tiempo, destinos mágicos…”

A diferencia de otros niños él nunca se interesó por los comics, desde un inicio buscaba relatos que le exigieran un esfuerzo intelectual. Leía historias escritas con palabras, no con imágenes.

Este joven y voraz lector fue alentado por su familia cuando empezó con sus primeros versos. La niñez pronto se convirtió en su edad de oro y la lectura fue la causante. Hasta los 10 años, Vargas Llosa se describe como un “lector puro”, no importaban todavía las formas sino sólo los fondos, que le hacían perderse por viajes infinitos de experiencias. Fue en sus años de secundaria que Mario se volvió un lector más desconfiado y atento; comenzó a dar importancia también a la estructura de sus lecturas.

Llegó un momento en que la edad de oro se fracturó. El padre del autor volvió con su familia y este hecho equivalió al primer golpe con la realidad en su vida. La visión idílica del mundo que hasta entonces le abrazaba se rompió e irrumpieron la soledad y la tristeza. La lectura se convirtió en un universo paralelo de refugio contra el miedo y la aversión que sentía hacia su padre. Para éste, la literatura era sinónimo de bohemia, fracaso y poca virilidad así que decide ingresar a su hijo al colegio militar en Lima sin saber que su hostilidad vendría a reforzar la vocación de Vargas Llosa y que la experiencia militar le daría el tema de su primera novela.

Es interesante comentar en este punto cómo el entorno de las personas define en gran parte las decisiones, gustos e incluso habilidades que desarrollan. Vargas Llosa tuvo la suerte de que en una edad tan temprana se le inculcara el amor por el arte. Esto le permitió asociar a la creación con sus abuelos y su madre, mientras que su padre significaba lo contrario. Sin embargo, es la figura paterna la que pone a prueba en su hijo ese mero gusto para convertirlo en vocación gracias a un proceso de rebelión contra el abandono y la soledad.

Con 15 años, Vargas Llosa comenzó a trabajar con su padre en la International New Service como periodista. Un año después, en el Diario La Crónica, y dentro del contexto periodístico, conoce la vida bohemia y los prostíbulos siendo fuente de otras de sus novelas como La casa verdey Conversación en la catedral.

La experiencia periodística será muy importante para su desarrollo literario. Lima en ese entonces era una ciudad muy estratificada socialmente en donde poco se conocía de aquellos sitios a los que no pertenecías. El periodismo le permitió explorar esas otras caras de la capital peruana.

Vargas Llosa cuenta que entre sus labores realizó periodismo policial, lo cual lo llevaría a los lugares más bajos, a la aventura, a todos aquellos resquicios que sólo había visto a través de la lectura:

“El periodismo te da facilidad; puede ser algo bueno o algo muy malo. Su lenguaje es funcional, sin muchas interferencias retóricas. Esa destreza es importante pero al mismo tiempo riesgosa si caes en el vicio de la utilización excesiva de estereotipos. Es muy importante como fuente de experiencias que luego se volverían materia literaria”.

Años después, gracias a sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y sus profesores, Vargas Llosa adquirió una gran habilidad para recopilar información e investigar. Una de las clases que más le marcaron fue la de “Fuentes históricas”, impartida por su maestro Raúl Porras Barrenechea: “Sus cátedras eran como unos frescos maravillosos de la historia de Perú”.

Con él aprendió de la importancia de ser riguroso, del espíritu autocrítico, de acudir a los libros y a las bibliotecas. Este hombre fue uno de sus grandes maestros intelectuales. Fue un ejemplo maravilloso que le condujo hacia su pasión por la historia al grado de llegar a plantearse una vocación más histórica que literata. Lo curioso es que en realidad, historia y literatura son siempre muy cercanas, muchas veces se solapan.

Es a partir de sus años universitarios que el Nobel de Literatura comenzó a realizar unas lecturas con mayor compromiso. Jean-Paul Sartre fue una gran influencia. Se dio cuenta que escribir es actuar; escribir es cambiar la historia y esto, en un momento del Perú con tantos conflictos, se volvió algo crucial para él.

Este contexto le acerco a los círculos marxistas, hacía las lecturas escondidas; se reunía con otros para discutir sobre literatura. Sin embargo, no llegó a ser totalmente de esta ideología debido a Sartre. El escritor marxista que más le interesó fue Georges Politzer con sus Lecciones preliminares de Filosofía donde se rescatan las ideas básicas del materialismo dialéctico. Es uno de los libros sobre los que más discutió en la época.

Entre bibliotecas y cafés

A finales de los años cincuenta, Vargas Llosa comenzó a frecuentar la Biblioteca Nacional de España por encontrarse en Madrid realizando sus estudios de doctorado en la Universidad Complutense. Durante ese tiempo gozó de las novelas de caballería de esta biblioteca a la que acudía casi todas las tardes de la semana.

Se encontraba todavía en un Madrid franquista, incomunicado y censurado. El autor recuerda cómo en la biblioteca de la Facultad de Filología, por ejemplo, todos los libros de José Ortega y Gasset fueron retirados de los estantes. Otra anécdota curiosa de aquellos años consiste en que antes, cuando se preparaba para ir a la capital española lo que más le motivaba era ver el teatro clásico español. Sin embargo, la única obra que vio fue “El caballero de Olmedo”, dirigida y actuada por un peruano.

Le gusta escribir en bibliotecas y cafés. Lo primero lo aprendió desde Lima, luego siguió con la costumbre en España y en Francia; en ellas redacta, lee, hace fichas, ejercita su imaginación, siempre con tinta y papel para luego pasar sus ideas al ordenador.

La biblioteca que más le ha emocionado es la British Museum Library por su sala gigante, maravillosa, con esa cúpula hermosa. Ahí trabajó mucho y con placer: “Esa sala de lectura tenía alrededor toda una colección inmensa de libros, era un entorno mágico. Muy cerca de donde solía trabajar, estaba el sillón con la placa donde escribía y leía Marx. Sentí mucho que la biblioteca saliera de ahí para pasar al edificio horrible en el que se encuentra ahora.” 

Los cafés son también lugares ideales para su escritura. Siempre son sitios muy cálidos y confortables en donde echar a volar su imaginación y sus recuerdos.

Una vida alrededor del conocimiento

El autor relató también su experiencia como profesor de Literatura. Cuando comenzó a enseñar tenía que someterse a programas preestablecidos; no podía elegir. Luego pudo hacerlo seleccionando a los autores que más le gustaban. Enseñar es algo que le divierte mucho; es para él una práctica muy enriquecedora:

“La lectura que uno hace cuando enseña es muy diferente a la que hacemos de forma individual y por iniciativa propia. Cuando se enseña hay que racionalizarlo mucho todo: qué existe detrás de cada historia, cómo es su estructura, su maquinaria…es una experiencia genial para un escritor. Por otro lado, no es una tarea nada fácil propagar esa pasión por la literatura. La enseñanza permite tener intercambios muy educativos por los diferentes tipos de lecturas que cada persona realiza.”

Uno de los cursos que más disfrutó impartir fue sobre los cuentos de Jorge Luis Borges. El buen nivel que tenían los alumnos y la variedad de sus formaciones de origen lograron que sus propios conocimientos se ampliaran.

Por otro lado, Vargas Llosa también habló sobre el tema editorial. Uno de sus editores más admirados fue Carlos Barral: “Mucho le debemos los que escribimos en español. En plenos años 60, cuando todavía hay mucha censura en España, destacaba por la enorme sensibilidad para detectar novedades, rupturas literarias, cosas que tenían que introducirse en España; hizo una labor homérica. Antes de él no existía el intercambio literario entre este país y Latinoamérica.” Lo describe como a un personaje encantador, lleno de extravagancias, insolencias, atrevimientos que creaban una máscara y ocultaban a un hombre genial, con una enorme vocación de promotor cultural.

La conferencia terminó en torno a un tema actual y que a Mario Vargas Llosa preocupa especialmente: la evolución del libro electrónico. Es un proceso al que teme. Para exponer su opinión habló sobre la televisión. ¿Por qué ésta ha banalizado tanto los contenidos? Si este aparato es un transmisor, ¿por qué la literatura no lo ha utilizado para propagarse? La respuesta, según el autor, es que ésta apunta hacia lo más bajo. “No es lo mismo leer a Proust o a Joyce que ver una serie televisiva.”

Es para él una alerta de cómo este tipo de soportes abaratan los contenidos. Del mismo modo, dijo que el libro electrónico es algo que nunca llegará a la equivalencia de una obra literaria. Describe esta idea como un temor que ojalá sea infundado pero considera una buena precaución conservar el libro de papel frente al electrónico.

Actualmente estas afirmaciones resultan muy controversiales y en lo personal considero que no debe generalizarse en torno a ellas. Ni todos los contenidos televisivos abaratan los contenidos, ni hoy por hoy todo lo que es llamado “literatura” es tan valioso como para así nombrarse. De la misma manera las nuevas tecnologías tendrán sus pros y sus contras pero no son más que nuevas plataformas que abren una serie de grandes oportunidades de lectura, de escritura y de investigación. En fin, se trata de un tema con mucho camino todavía por recorrer pero que en absoluto cambia el fondo de los contenidos en cuanto a calidad.

Finalmente, el escritor terminó tan bella charla compartiendo a su público cuáles son los tres libros que llevaría a una isla desierta: “Me llevaría un libro que nunca he podido leer, La muerte de Virgilio porque a fuerza tendría que pasar en algún momento de la quinta página. El segundo libro tendría que ser como una catedral, podría ser El Quijote, por ejemplo, o Guerra y paz. Y el tercer libro tendría que ser muy largo… el volumen de La Pléiade con la traducción de  La Odisea.”

Dimos así por terminada la participación de un hombre de nuestro tiempo y que a través del suyo nos hizo ver cómo sus experiencias vitales son lo que da vida a sus obras. Luego de este breve encuentro he podido ver a Mario Vargas Llosa como un libro en sí mismo, su biografía es el alimento de su literatura.

Imagen por: Ale Olalde.

Los libros que más han marcado su vida: 

Los Miserables de Víctor Hugo: “Es una obra profundamente, grabada en la memoria. Es una de esas raras novelas que permiten lecturas de todo tipo y a cualquier edad; de una extraordinaria complejidad, pero también bella para los más jóvenes. La historia de Jean Valjean es el rescate del mal por el bien”.

Por su parte, y ligando un poco con el tema central de este blog, la película de adaptación de esta historia le pareció muy divertida: “Los Miserables, es uno de los relatos que más se han vertido a otros géneros. Toca un nervio especial de públicos de todo tipo de épocas, edades y cultura”.

 Luz de agosto de William Faulkner: Obra y autor que leyó deslumbrado: “De toda su oscuridad salía una luz que al final clarificaba todo lo que había estado oculto.” Admira su destreza técnica e impulso visionario considerándolo como una lectura obligatoria para todo aprendiz de novelista.